Una científica del tango y la orquesta femenina y cosmopolita que nació casi de casualidad y muestra que cada vez ellas son más

“Es todo un barrio mal hecho”
Femenina casi por casualidad
La cantante dice que la agrupación se preparó en tiempo récord para el homenaje que incluía tangos célebres de Rodolfo Sciammarella, pero también tangos desconocidos, que no tenían registro sonoro, de los que solamente quedaban algunas partituras que ella había logrado reunir, muchas de ellas provenientes de los anticuarios del mercado de San Telmo. “La idea de que existen tangos ocultos de grandes compositores motivó el recorrido posterior de la orquesta, que se especializó en rescatar patrimonio musical perdido, de Sciammarella, pero también de muchos otros autores“.
Actualmente la agrupación prepara su cuarto álbum, dedicado a la figura de Benito Quinquela Martín, a partir de material musical sobre el artista conservado en su museo-casa. Por este proyecto Denise Sciammarella recibió el premio “Ciudad Futura” en 2025 por rescatar tesoros musicales y devolverlos al presente con fuerza y sensibilidad.

Denise se doctoró en Física en 2001 e hizo un posdoctorado en Francia, donde luego concursó para ingresar al Centro Nacional de la Investigación Científica (CNRS), del que continúa formando parte. En la Argentina es directora adjunta de un instituto que funciona en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, y que tiene como tutelas a la UBA, al CONICET y al CNRS. El grupo que lidera hace matemáticas aplicadas a las geociencias, y colabora mucho con el departamento de matemáticas, y en particular con Pablo Amster, que es además de músico, autor de muchos libros de divulgación. “Él me propuso que montáramos un espectáculo dialogado en el que él fuera revelando la matemática que se esconde detrás de las letras del repertorio de nuestra orquesta. Y ese es el espectáculo que presentamos el sábado 28 de febrero por segunda vez en el Planetario”, explicó. Entre fórmulas, bandoneones y mates, al caer el sol, en el escenario hubo un cruce de tangos emblemáticos, historias recuperadas y conceptos matemáticos que se fueron tejiendo con el piano, bandoneón, violín y contrabajo. “La música explicó números; los números revelaron la música”, definieron.
Todas dieron cuenta de los bemoles que tuvieron y todavía tienen al ser músicas mujeres, en especial en el mundo del tango. “Por supuesto que los prejuicios antiguos van cediendo y la presencia femenina en los instrumentos clásicamente considerados masculinos es cada vez más notoria. Nuestra orquesta, que se conformó como femenina casi por casualidad, es de hecho la prueba de que cada vez somos más. Como dice el tango que nos pertenece a Cindy y a mí (dedicado al colectivo 24 para que pase más seguido), la vida “prohíja la esperanza del que tiene una pasión”, afirma.
Las integrantes de la orquesta se conocen tanto que creen imposible que aparezca una anécdota desconocida de alguna de ellas. Pero sucede.
Como la de la violinista ucraniana Mariana Atamás, que llegó a la Argentina a los 15 años. Dice que todo lo que sabía del país era sobre Maradona y que terminó tocando en su programa La noche del 10, mientras pintaba Pérez Celis. Ese día tuvieron como invitado a Pelé. “Estaban todos. Lo más loco es que terminé tocando una melodía ucraniana”, cuenta a sus compañeras que no daban crédito no tanto por la vivencia, sino por el desconocimiento.
Atamás, de familia de músicos, llegó sin saber el idioma, con un gran dominio del instrumento, un diccionario voluminoso para aprender español en el menor tiempo posible —lo logró en seis meses— y una guía T para sobrevivir en las calles, cuando todavía no existía Google Maps.
Años antes había intentado abandonar el violín debido a cierta rebeldía adolescente, hasta que tomó conciencia de la solidez de su formación: ya tenía distinciones y también comprendió que el instrumento podía asegurarle un ingreso. Además le permitió tocar en orquestas juveniles y obtener una beca.
“Me convocaron para audicionar en tango. Yo decía: ‘¿Tango? No tengo ni idea’. Sin saber absolutamente nada, quedé en la orquesta. Ahí hice el programa de dos años de Orquesta Escuela, que para mí fue muy rico porque tuve la dicha de hacerlo con Emilio Balcarce y con muchísimos maestros emblemáticos del tango. Siempre digo que nunca sé si el tango me encontró a mí o yo a él, pero ahí nos conocimos y seguimos”.
“Un instrumento de hombre argentino”
Cindy Harcha, la bandoneonista, es chilena y vive en la Argentina desde hace 18 años.
Gracias a su abuela tocaba desde los nueve años en el piano la pieza Desde el alma, sin saber qué era. Cuando ella murió, buscó la grabación para entender qué tocaba y así llegó por primera vez a escuchar a la orquesta de Pugliese y un solo de bandoneón que la inspiró de por vida, ejecutado por Osvaldo Ruggiero.
“Es un bandoneón, un instrumento de hombre argentino”, le dijeron.
Pero no hizo caso. Siguió escuchando tango y enamorándose cada día más del instrumento. Investigó y descubrió que sí había mujeres bandoneonistas.
“Me enteré de Eva Wolff, que ahora la tengo de vecina. Y ahí había un par de mujeres y dije: ‘Bueno, si se puede… ¿qué pasa?’”.
Se compró un bandoneón —“muy horrible”, recuerda— pero que le sirvió para estudiar.
“Era imposible que una mujer tocara en una casa de tango. El profe me dijo: ‘Todo bien, pero estas variaciones que te estás estudiando no las vas a poder tocar nunca, en ningún lugar’. Pero a la par me empezaron a invitar a acompañar cantantes. ‘Che… ¿vos te animás?’. ‘Sí’. Y así me fui haciendo un lugar”.
Cuenta que cada vez es más común ver mujeres en el bandoneón.
Denise interviene para destacar su enorme labor en la orquesta: “Además de tocar el bandoneón, Cindy hace todos los arreglos. Como arregladora es fundamental; es medio el alma máter de la orquesta”.
“Yo la conocí porque mi tío que vende instrumentos de música —que tenía la Antigua Casa Núñez— me dijo: ‘Hay una chica que toca el bandoneón, vos que estás buscando para el homenaje a Rodolfo Sciammarella’. Me pasó el número, la contacté y a los poquitos días armamos el homenaje en la Academia Nacional del Tango, el 13 de septiembre de 2013. Ahí nació la orquesta”.

Ya tenían piano, dos bandoneones, dos violines, se habían juntado todas y se dijeron: “Ay, somos todas mujeres; ya que estamos, busquemos a una contrabajista”. Así llegó Geraldina, de la “República de Bahía Blanca”, dicen entre ellas en broma. Ella venía de la Orquesta Académica del Teatro Colón, donde se había cruzado con Mariana Atamás. De formación clásica, escuchó la insistencia de un compañero que le decía que probara con el tango. “Tanto me hinchó que empecé a tocar tango”, confiesa. Su primer fichaje en el género fue la Orquesta de Señoritas en la reapertura del Café de Los Angelitos por el 2007. Y asegura que “fue un viaje de ida”.
Todas coinciden en las dificultades que enfrentan las mujeres en el mundo del tango, un ámbito históricamente dominado por hombres, donde deben demostrar más habilidad para ser aceptadas. La violinista dice que las mujeres no pueden equivocarse, que tienen que ser muy buenas para ganar terreno y que las tomen a la par. “Digamos que con los hombres no pasa eso. Si sos una mujer, no te podés equivocar. Es una presión”, explica. Geraldina acota que sucede en algunos ámbitos, no en todos. Y que así como existen prejuicios todavía sobre el talento femenino, también existe otra cara de la moneda, que es poner mujeres en escena a tocar instrumentos con fines estéticos, sin importarles cuánto saben. “Hay orquestas de tango actuales con mujeres para mostrar (…) Empiezan a querer mujeres por lo estético. No les importa cómo tocás. Solo te quieren para la foto”, se lamenta.
También comentan el prejuicio sobre la fuerza física necesaria para tocar el bandoneón y otros instrumentos considerados masculinos. Cuentan que a veces les dicen “tocás como hombre”, como si se tratara de un elogio. Y también escucharon “tan chiquitita sos, ¿de dónde sacás todo ese sonido?”. Será porque estudiaron mucho, podría ser la respuesta.
“Esperan que suene suavecito y de golpe nos escuchan y dicen ‘a la miércoles qué fuerza’ y los sorprende”, relata Denise. Destacan que no hablan de fuerza física, sino de intensidad, coraje, sensibilidad y la riqueza de una expresión femenina que hoy se escucha cada vez más en los escenarios del tango.

