Ciencia y arte bajo el mismo cielo
El 28 de febrero el domo del Planetario Galileo Galilei vibró como pocas veces: la ciencia dejó de ser discurso para convertirse en experiencia, y el arte encontró en las estrellas un escenario perfecto. El Festival Planetario fue una celebración luminosa donde cada propuesta pareció dialogar con el cielo.
Un cosmos que respira
Desde temprano, las funciones inmersivas sumergieron al público en la oscuridad cósmica. Agujeros negros y universos en movimiento no fueron simples proyecciones: fueron travesías sensoriales que recordaron que el cielo está vivo, en perpetua transformación.
El domo volvió a latir por la tarde con “Después de tantas eras de ausencia”, la instalación audiovisual de Sebastián Verea junto al Instituto de Ciencias de la Computación (UBA–CONICET). Modelos matemáticos, vida artificial y sistemas autoorganizativos transformaron la cúpula en un organismo digital palpitante, donde biología y algoritmos parecían fundirse en un mismo pulso.
Entre fórmulas y bandoneones
Al caer el sol, la explanada se llenó de mate y expectativa. Sciammarella Tango tomó el escenario con su potencia delicada y precisa, acompañada por el matemático Pablo Amster. Fue un cruce exquisito: tangos históricos, historias recuperadas y conceptos matemáticos que se tejían entre piano, bandoneón, violín y contrabajo. La música explicó números; los números revelaron música.
Pensar la vida cotidiana
El cierre estuvo a cargo de Diego Golombek, quien convirtió la charla magistral en un ejercicio colectivo de curiosidad. Con rigor y humor, invitó a mirar la ciencia no como algo lejano, sino como parte íntima de nuestra rutina.
Y cuando la noche terminó de asentarse, los telescopios apuntaron al cielo porteño. Bajo la brisa tibia de verano, entre miradas asombradas y murmullos compartidos, la ciudad recordó que también es parte del universo que observa.
Un sábado distinto, sí. Pero, sobre todo, una prueba de que cuando arte y ciencia se encuentran, el cielo deja de ser límite y se vuelve puente. ✨

